COMPETENCIAS DOCENTES

LOS APARATOS IDEOLOGICOS DEL ESTADO

¿Qué son los aparatos ideológicos del estado?

No se confunden con el aparato (represivo) del estado. Recordemos que en la teoría marxista, el aparato del estado abarca: gobierno, administración, ejército, policía, tribunales, prisiones, etc., que constituyen lo que de ahora en adelante llamaremos aparato represivo del estado. El adjetivo "represivo" indica que este aparato del estado "funciona mediante violencia", por lo menos en los casos extremos, ya que la represión administrativa, por ejemplo, no implica siempre represión física.

Llamamos aparatos ideológicos del estado a cierto número de realidades que se presentan al observador bajo la forma de instituciones precisas y especializadas. Proponemos en seguida una lista empírica, que naturalmente exige ser examinada en detalle, comprobada, rectificada y perfeccionada. Con todas las reservas que implica esa exigencia, podemos, por el momento, considerar como aparatos ideológicos del estado a las siguientes instituciones (y el orden en que las enumeramos no tiene significación especial alguna):

Los aparatos ideológicos del estado religiosos (el sistema de las distintas iglesias);

Los aparatos ideológicos del estado escolares (el sistema de las distintas "escuelas" públicas y privadas);

Los aparatos ideológicos del estado familiares; 7

Los aparatos ideológicos del estado jurídicos. 8

Los aparatos ideológicos del estado políticos (el sistema político, sus distintos partidos);

Los aparatos ideológicos del estado sindicales;

Los aparatos ideológicos del estado de información (prensa, radio, televisión, etcétera);

Los aparatos ideológicos del estado culturales (literatura, bellas artes, etcétera).

Hemos dicho que los aparatos ideológicos del estado no se confunden con el aparato represivo del estado. ¿Dónde está su diferencia?

En primera instancia, observamos que si bien existe un aparato (represivo del estado, hay una pluralidad de aparatos ideológicos del estado. En caso de que exista la unidad que constituye esa pluralidad de aparatos ideológicos del estado no resulta inme­diatamente visible.

En segunda instancia, podemos comprobar que si bien el aparato (represivo del estado, unificado, pertenece por entero al dominio público, la mayor parte de los aparatos ideológicos del estado (en su aparente dispersión) pertenecen, por el contrario, al dominio privado. Son entidades privadas las iglesias, los partidos, los sindicatos, la familia, algunas escuelas, la mayoría de los periódicos, las empresas culturales, etcétera.  

 

Dejaremos de lado, por ahora, la primera observación. Pero no podemos ignorar la segunda. ¿Con qué derecho podemos considerar aparatos ideológicos del estado a instituciones que en su mayoría no poseen estatus público y son sencillamente instituciones privadas? Gramsci, marxista consciente, había previsto la objeción. La distinción entre lo público y lo privado es una distinción propia del derecho burgués, y es válida en los dominios (subordinados) en los cuales el derecho burgués ejerce su poder. El dominio del estado queda afuera, ya que éste queda "más allá del derecho":

el estado, que es estado de le clase dominante no es ni público ni privado es, por el contrario la condición de toda distinción entre lo público y lo privado. Decimos lo mismo a partir, esta vez, de nuestros aparatos ideológicos del estado. Poco importa si las instituciones que los realizan son públicas o privadas. Importa su funcionamiento. Las instituciones -privadas- pueden –funcionar perfectamente como aparatos ideológicos del estado. Basta un análisis cuidadoso de cualquier aparato ideológico del estado para demostrarlo.

Pero vamos a lo esencial lo que distingue a los aparatos ideológicos del estado del aparato (represivo) del estado es esta diferencia fundamental: el aparato (represivo) del estado "funciona con violencia" mientras que los aparatos ideológicos del estado funcionan con ideologías.

Podemos rectificar esta distinción y precisarla. Podemos afirmar que todo aparato del estado sea represivo o ideológico. "funciona" con violencia e ideología, pero con una diferencia importantísima que impide confundir los aparatos ideológicos con aparato (represivo) del estado.

Este último funciona de modo preponderantemente represivo incluyendo la represión física) y secundariamente de modo ideológico. (No existe un aparato puramente represivo.) Ejemplos:

El ejército y la policía también funcionan ideológicamente, tanto para asegurarse su propia cohesión y reproducción como para proyectar, fuera sus "valores".

Del mismo modo, pero a la inversa los aparatos ideológicos del estado funcionan de manera preponderantemente ideológica, pero secundariamente de modo represivo, aunque sea sólo en casos extremos y suave, disimulada e incluso simbólicamente. (No existe un aparato puramente ideológico.) Las iglesias y las escuelas educan" con métodos apropiados y con sanciones, exclusiones, elecciones. etc. También la familia y también el aparato ideológico dell estado cultural (la censura. por ejemplo. para no mencionar otra cosa), etcétera.

¿Hace falta mencionar que esta determinación del doble funcionamiento" (preponderante y secundario) de la represión y de la ideología según se trate del aparato (represivo) del estado o de los aparatos ideológicos del estado, permite comprender el hecho le que se tejan continuamente sutiles combinaciones, explícitas o tácitas, entre el juego del aparato (represivo) del estado y el juego le los aparatos ideológicos del estado y La vida cotidiana nos ofrezca innumerables ejemplos al respecto, pero hace falta estudiarlos en detalle para superar esta simple observación.

Lo anterior nos pone, sin embargo, en la pista de la comprensión le lo que constituye la unidad del cuerpo aparentemente disperso de los aparatos ideológicos del estado. Si los aparatos ideológicos del estado "funcionan" de modo predominantemente ideológico. lo que unifica su diversidad es su mismo funcionamiento, en la medida en que la ideología según la cual funcionan está siempre, de hecho, unificada -a pesar de sus contradicciones y diversidad - bajo la ideología dominante que es la de "la clase dominante". Si reparamos en que la "clase dominante" detenta el poder del estado (en forma franca o más a menudo, mediante alianzas de clase o de fracciones de clase) y dispone, por tanto, del aparato (represivo) del estado, podemos admitir que la misma clase dominante esté activa en los aparatos ideológicos del estado en la medida en que, a través de sus mismas contradicciones, la ideología dominante se realiza en los aparatos ideológicos del estado. Queda claro que es muy distinto actuar mediante leves y decretos en el aparato (represivo) del estado de "actuar" por intermedio de la ideología dominante en los aparatos ideológicos del estado. Hace falta entrar en el detalle de esta diferencia, pero ello no basta para enmascarar la realidad de una profunda identidad. Según nuestros datos, ninguna e/ase puede detentar durablemente el poder del estado sin ejercer a/ mismo tiempo su hegemonía sobre y en los aparatos ideológicos del estado. Y nos basta un solo ejemplar V prueba: la mayor preocupación de lenin era revolucionar el aparato ideológico del estado en el nivel de las escuelas para permitir que el proletariado soviético, que habrá conquistado el poder del estado, asegurara el futuro de la dictadura del proletariado V el paso al socialismo.9

La última observación nos deja en condiciones de comprender que los aparatos ideológicos del estado pueden no sólo ser la piedra de toque, sino también el lugar de la lucha de clases y, a menudo, de formas encarnizadas de la lucha de clases. La clase (o alianza de clases) que detenta el poder no dicta la ley con tanta facilidad en los aparatos ideológicos del estado como en el aparato (represivo) del estado, y es así no sólo porque las viejas clases dominantes pueden conservar mucho tiempo posiciones fuertes en los aparatos ideológicos del estado sino también porque la resistencia de las clases explotadas puede encontrar allí medios y ocasiones de expresarse sea utilizando las contradicciones que allí existen, sea conquistando por la lucha posiciones de combate en los aparatos ideológicos del estado. 10 Ordenemos nuestras observaciones.

Si la tesis que acabamos de proponer es fundada debemos retomar, precisándole un punto, la teoría marxista clásica del estado. Diremos que hace falta distinguir entre poder del estado (y su con­trol por parte de) por un lado, y aparato del estado, por otro. Pero agregaremos que el aparato del estado contiene dos cuerpos: el cuerpo de las instituciones que representan el aparato represivo del estado, por un aparte, y el cuerpo de instituciones que representan el cuerpo de aparatos ideológicos del estado, por otra.

Pero si esto es así y lo es aun en el estado sumario de nuestras indicaciones, no se puede evitar el planteo de la siguiente pregunta: ¿cuál es, exactamente, la medida del papel de los aparatos ideológicos del estado 7 ¿ Cuál es el fundamento de su importancia 7 En otras palabras: ¿a qué corresponde la "función" de estos aparatos ideológicos del estado que no funcionan mediante la represión sino mediante la ideología? [. .. ]

El primer principio fue formulado por Marx en el Prólogo a la Contribución a la Critica de la economía política: "Al considerar esta clase de trastocamientos [una revolución social], siempre es menester distinguir entre el trastocamiento material de las con­diciones económicas de producción, fielmente comprobantes desde el punto de vista de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en suma, ideológicas, dentro de las cuales los hombres cobran conciencia de este con­flicto y lo dirimen" (México, siglo XXI, p 5). La lucha de clases se expresa y se ejerce, entonces, en formas ideológicas y también, por tanto, en las formas ideológicas de los aparatos ideológicos del estado. Pero la lucha de clases sobrepasa ampliamente estas formas; y porque las sobrepasa, la lucha de las clases explotadas puede también ejercerse en las formas de los aparatos ideológicos del estado y así volver el arma de la ideología en contra de las clases dominantes.

Y esto es así en virtud del segundo principio: la lucha de clases sobrepasa los aparatos ideológicos del estado porque está enraizada, además de en la ideología, en la infraestructura, en las relaciones de producción, que son relaciones de explotación y que constituyen la base de las relaciones de clase.

 

 

 

9 En un texto patético, fechado en 1927, Krupskaia narra los desesperados esfuerzos de Lenin y de lo que consideraba su fracaso (El camino recorrido).

10 Lo que decimos aqul sucintamente sobre la lucha de clases en los aparatos ideológicos del estado está lejos, evidentemente, de agotar la cuestión de la lucha de clases. Para abordar esta cuestión, se debe tener presente dos principios.                                                                                            El primer principio fue formulado por Marx en el Prólogo a la Contribución a la crItica de la economla poli rica: "Al considerar esta clase de trastocamientos [una revolución social], siempre es menester distinguir entre el trastocamiento material de las condiciones económicas de producción, fielmente comprobantes desde el punto de vista de las ciencias naturales, y las formas jurldicas, pollticas, religiosas, artlsticas o filosóficas, en suma, ideológicas, dentro de las cuales los hombres cobran conciencia de este conflicto y lo dirimen" (México, siglo XXI, p S). La lucha de clases se expresa y se ejerce, entonces, en formas ideológicas y también, por tanto, en las formas ideológicas de los aparatos ideológicos del estado. Pero la lucha de clases $obrepaw ampliamente estas formas; y  porque las sobrepasa, la lucha de las clases explotadas puede también ejercerse en las fo.nnas de los aparatos ideológicos del estado y asl volver el arma de la ideologla en contra de las clases dominantes.

y esto es asl en virtud del segundo principio: la lucha de clases sobrepasa los aparatos ideológicos del estado porque está enraizada, además de en la ideologla, en la infraestructura, en las relaciones de producción, que son relaciones de explotación y que constituyen la base de las relaciones de clase

 

 

 

 

 

SOBRE LA REPRODUCCIÓN DE LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN

Podemos responder ahora a la pregunta central, que ha quedado en suspenso durante tantas páginas: ¿cómo se asegura la reproducción de las relaciones de producción?

En el lenguaje del tópico (infraestructura, superestructura) decimos: se asegura, en gran parte, " por la superestructura jurídico­ política e ideológica.

Pero, como consideramos indispensable superar este lenguaje todavía descriptivo, decimos: se asegura, en gran parte, por el ejercicio del poder del estado en los aparatos del estado, en el aparato {represivo) del estado, por una parte, y en los aparatos ideológicos del estado, por otra.

Hace falta tener en cuenta lo dicho antes, y que ahora reunimos en tres puntos:

1. Todos los aparatos del estado funcionan a la vez mediante la represión y la ideología, con la diferencia de que el aparato {represivo) del estado funciona de modo preponderante mediante la represión mientras que los aparatos ideológicos del estado funcionan sobre todo mediante la ideología.

2. Mientras el aparato {represivo) del estado constituye un todo organizado cuyos distintos miembros están centralizados bajo una unidad de mando -la de la política de lucha de clases que aplican los representantes políticos de las clases dominantes que detentan el poder-, los aparatos ideológicos del estado, en cambio, son múl­tiples, diferentes, "relativamente autónomos" y susceptibles de ofrecer un campo objetivo a contradicciones que expresan, de modos limitados o extremos, los efectos de los choques entre la lucha de clases capitalista y la lucha de clases proletaria y sus formas subordinadas.

3. Mientras la unidad del aparato (represivo) del estado se asegura mediante su organización centralizada y unificada bajo la dirección de los representantes de las clases en el poder, que ejecutar la política de lucha de clases de las clases en el poder, la unidad entre los distintos aparatos ideológicos del estado se asegura en cambio, a menudo en formas contradictorias, por la acción de la ideología dominante (la de la clase dominante).

Si se toman en cuenta estas características, se puede entonces representar la reproducción de las relaciones de producción12 del modo siguiente, de acuerdo con una especie de "división del trabajo".

El papel del aparato represivo del estado consiste esencialmente, en cuanto que aparato represivo, en asegurar por la fuerza (física o de otra especie) las condiciones políticas de la reproducción de las relaciones de producción (que en último término son relaciones de explotación). El aparato del estado no sólo se reproduce a si mismo (en el estado capitalista hay dinastías de políticos, de militares, etc.), y también, y sobre todo, se asegura, mediante la represión (desde la fuerza física más brutal hasta las más simples instrucciones administrativas o hasta la censura abierta o disimulada, etc.), las condiciones políticas para el ejercicio de los aparatos ideológicos del estado.

En efecto, éstos aseguran en gran medida la reproducción de las relaciones de producción bajo el "escudo" del aparato represivo estatal. Aquí se manifiesta decisivamente el papel de la ideología dominante (la de la clase dominante que detenta el poder). La "armonía" (a veces incompleta) entre el aparato represivo del estado y los aparatos ideológicos, y entre éstos, se asegura por intermedio de la ideología dominante.

Llegamos de este modo a enfrentar la siguiente hipótesis, en función de la diversidad de aparatos ideológicos del estado con el papel único y común, sobre la reproducción de las relaciones de producción.

Hemos enumerado, en efecto, una cantidad relativamente elevada de aparatos ideológicos del estado presentes en las formaciones sociales capitalistas: el aparato escolar, religioso, fa­miliar, político, sindical, de información, "cultura", etcétera.

Ahora bien, en las formaciones sociales de modo de producción feudal comprobamos que existe un único aparato represivo del estado que ha sido formalmente muy semejante, no sólo desde las monarquías absolutas sino desde los primeros estados conocidos la de la Antigüedad, al que hoy conocemos (aunque fuera menor la In cantidad de aparatos ideológicos y menor también su diferenciación).  Comprobarnos, por ejemplo, que en la Edad Media, la iglesia (aparato In ideológico religioso del estado) acumulaba numerosas funciones que la hoy detentan varios aparatos ideológicos del estado (nuevos con relación al pasado que evocamos), en particular funciones escolares  y culturales.

 

 

 

11 En gran parte puesto que las relaciones de producción se reproducen, en primer lugar, por la materialidad del proceso de producción y del proceso de circulación. Pero no debe olvidarse que las relaciones ideológicas están inmediatamente presentes en estos mismos procesos.                                                                                                                                                                                                                                   2 Para la parte de la reproducción a la que contribuyen el aparato represivo del estado y los aparatos ideológicos del estado.

 

Junto a la iglesia, existía el aparato ideológico familiar, el que desempeñaba un papel considerable, sin comparación con el que desempeña en las formaciones sociales capitalistas. La iglesia y  la familia no eran, a pesar de las apariencias, los únicos aparatos o ideológicos del estado. Había un aparato ideológico político (los estados generales, el parlamento, las distintas facciones y ligas políticas-antepasados de los partidos políticos modernos-y todo o el sistema político de las comunas libres y luego de las ciudades). Existía, también, un poderoso aparato "presindical" (ideológico del a estado) -si se nos permite esta expresión, anacrónica-y en él s cabían los gremios de comerciantes, de banqueros y también las s mutualidades etc. La edición y la información conocieron indudable s desarrollo V también los espectáculos (primero partes integrantes  de la iglesia y más tarde independientes).

 

Ahora bien, en el periodo histórico precapitalista, que hemos examinado a grandes rasgos, es evidente que existía un aparato ideológico (del estado) dominante, /a ig/esla, que monopolizaba no sólo las funciones religiosas, sino también las escolares y buena  parte de las funciones de información y de "cultura". Toda la lucha ideológica del siglo XVI V del XVII, después de la primera quiebra de la Reforma, se concentró en la lucha anticlerical y antirreligiosa V no fue por azar: esto fue así en función de la posición dominante que entre los aparatos ideológicos del estado tenía el aparato religioso.

La Revolución francesa tuvo por primer objeto y por primer resultado no sólo los de traspasar el poder del estado de la aristocracia feudal a la burguesa capitalista comercial y de quebrar en parte el antiguo aparato represivo del estado y remplazarlo por uno nuevo (ejemplo: el ejército nacional popular), sino también el de atacar al principal aparato ideológico del estado, la iglesia. De esto provino la constitución civil del clero la confiscación de los bienes de la iglesia, y la creación de nuevos aparatos ideológicos del estado que remplazarán al religioso en su papel dominante.

Las cosas, naturalmente, no fueron tan fáciles así el Concordato, la Restauración y la larga lucha de clases entre aristocracia agrícola y burguesa Industrial durante todo el siglo XIX para el establecimiento de la hegemonía burguesa en las funciones antaño cumplidas por la iglesia especialmente en la que le era indispensable para regularizar la reproducción de las relaciones capitalistas de producción.

Por esto nos atrevemos a plantear, a pesar de todos los riesgos que conlleva, la siguiente tesis. Pensamos que el aparato ideológico del estado que ha quedado en posición dominante en las formaciones capitalistas maduras -después de violenta lucha de clase, política e ideológica, contra el antiguo aparato ideológico dominante-es el aparato ideológico escolar.

Esta tesis puede parecer paradójica. Es cierto que para todo el mundo-es decir, en la representación ideológica que la burguesa se da a si misma y da a las clases que explota -parece que el aparato ideológico dominante en las formaciones sociales capitalistas no es la escuela sino el aparato ideológico político, a saber el régimen de democracia parlamentaria originado en el sufragio universal y en las luchas de partidos.

Sin embargo, la historia, incluso la reciente, demuestra que la burguesa ha podido y puede acomodarse a aparatos ideológicos del estado (pórticos) distintos de la democracia parlamentaria: el primero o el segundo imperio, la monarquía constitucional (Luís XVIII, Carlos X), la monarquía parlamentaria (Luís Felipe), la democracia pre­sidencialista (de Gaulle) y todo esto sólo en Francia. En Inglaterra las cosas son aún más claras. La revolución ha sido allí particularmente "exitosa" desde el punto de vista burgués, porque, a diferencia de la de Francia -donde la burguesa, por culpa de la tontería de la pequeña nobleza, además, debió aceptar dejarse arrastrar al poder mediante "jornadas revolucionarias", campesinas y plebeyas, que le costaron terriblemente caras- la burguesa inglesa pudo "transigir" con la aristocracia y "compartir" con ella el poder del estado y el uso del aparato del estado durante mucho tiempo (¡paz entre los hombres de buena voluntad de la clase dominante!). En Alemania las cosas son aún más sorprendentes porque, antes de "atravesar" la república de Weimar y de confiarse al nazismo, la burguesía imperialista entró espectacularmente en la historia bajo un aparato ideológico político en que los junkers imperiales (símbolo: Bismark), su ejército y su policía le servían de escudo y de personal dirigente.

Creemos tener, entonces, poderosas razones para pensar que, tras los juegos de su aparato ideológico político -que ocupa el primer plano de la escena - la burguesía ha situado como aparato ideológico número 1, es decir dominante, al aparato escolar (edu­cacional) que, de hecho, ha reemplazado al antiguo aparato ideológico dominante, a la iglesia. Incluso se puede agregar: la pareja escuela/ familia ha reemplazado a la pareja iglesia/familia.

¿Por qué es el aparato escolar el aparato ideológico dominante en las formaciones sociales capitalistas y cómo funciona?

Es suficiente señalar, por el momento, que:

1. Todos los aparatos ideológicos del estado cualesquiera que sean, concurren al mismo resultado: la reproducción de las relaciones de producción, es decir, de las relaciones capitalistas de explotación.

2. Cada uno colabora a este único resultado del modo que le es propio. El aparato político somete los individuos a la ideología política del estado, la ideología "democrática", "indirecta" (parlamentaria) o "directa" (plebiscitaria o fascista). El aparato de información atiborra, por la prensa, radio, televisión, a todos los "ciudadanos" con dosis diarias de nacionalismo, chovinismo, liberalismo, moralismo, etc. Lo mismo vale para el aparato cultural (el papel del deporte es de primera importancia para el chovinismo). El aparato religioso recuerda mediante sermones y grandes ceremonias sobre el nacimiento, el matrimonio y la muerte, que el hombre sólo es ceniza, salvo si aprende a amar a sus hermanos hasta el punto de ofrecer la otra mejilla al que le golpeó la primera. El aparato familiar... No insistamos más.

3. La única partitura que domina este concierto (turbada ocasionalmente por contradicciones: la de los restos de las antiguas clases dominantes, las provocadas por el proletariado y sus organizaciones) es la partitura de la ideología dominante, que integra en su música los grandes temas del humanismo de los célebres antepasados que han hecho, antes del cristianismo, el milagro griego, la grandeza romana, la ciudad eterna, y los temas del interés, par­ticular y general, etc. Nacionalismo, moralismo y economismo.

4. No obstante, en este concierto, hay un aparato ideológico que desempeña el papel dominante, aunque apenas y rara vez se le escuche: es silencioso en grado sumo y se llama la escuela.

La escuela recibe a los niños de todas las clases sociales desde los jardines infantiles y desde ese momento -tanto con nuevos como en viejos métodos- les inculca durante muchos años - los ­años en que el niño es más "vulnerable" y está aprisionado entre el aparato ideológico familiar y el escolar- "saberes prácticos" tomados de la ideología dominante (el idioma materno, el cálculo, la historia las ciencias, la literatura) o simplemente la ideología dominante en estado puro (moral, educación cívica, filosofía). En algún momento alrededor de los dieciséis años, una gran masa de niños cae "en la producción": los trabajadores y los pequeños agricultores. (Otra porción de la juventud escolarizada continúa estudiando: tarde o temprano va a dar a la provisión de cargos medianos: empleados  funcionarios, pequeños burgueses de todas clases. Un último sector llega a la cima, sea para caer en la semicesantia intelectual, para convertirse, aparte de los "intelectuales del trabajador colectivo” en agentes de la explotación (capitalistas, empresarios), en agentes de la represión (militares, policías, políticos, administradores, el o en profesionales de la ideología (sacerdotes de toda especie, son, en su mayoría, "laicos" convencidos).

Cada sector masivo que se incorpora a la ruta queda, el práctica, provisto de la ideología que conviene al papel que d cumplir en la sociedad de clase: papel de explotado (con "conciencia profesional", "moral", "cívica", "nacional" y apolítica altamente "desarrollada"); papel de agente de explotación (saber mandé hablar a los trabajadores: "relaciones humanas"; papel de agentes de la represión (saber mandar y hacerse obedecer "sin discusión saber manejar la demagogia retórica de los dirigentes políticos papel de agentes profesionales de la ideología (que saben tratar respetuosa-es decir, despectivamente- las conciencias, y medié la coerción, la demagogia conveniente, según todo cuanto acomode a la moral, a la virtud, a la "trascendencia" I a la nación etcétera).

Evidentemente, gran cantidad de estas virtudes contrasta (modestia, resignación y sumisión por una parte, y cinismo, altivez seguridad, grandeza, es decir habilidad y buen lenguaje, por otra aprenden también en las familias, en la iglesia, en el ejército, en buenos libros, en las películas e incluso en los estadios. Pero no ningún aparato ideológico del estado que mantenga durante tantos años una audiencia obligatoria (y, lo que importa menos, a ve gratuita), 5 o 6 días a la semana a razón de 8 horas por día, con la totalidad de los niños en las formaciones sociales capitalistas.

                                Ahora bien, las relaciones de producción de una formación social capitalista, es decir las relaciones entre explotador y explotado,  se reproducen en gran parte precisamente mediante el aprendizaje re el de saberes prácticos durante la inculcación masiva de la ideología dominante. Los mecanismos que producen este resultado vital para, el régimen capitalista están, naturalmente, recubiertos y disimulados mediante una ideología universalmente vigente de la escuela, ya que ésta es una de las formas esenciales de la ideología burguesa dominante: una ideología que representa a la escuela como medio neutro, desprovisto de ideología (incluso porque ... laico), o maestros respetuosos de la "conciencia" y de la "libertad" de los niños que les son confiados (con toda confianza) por los "padres" (los cuales también son "libres", es decir, propietarios de sus niños), que les permiten acceder a la libertad, moralidad y responsabilidad de adultos mediante el propio ejemplo, los conocimientos, la literatura y sus virtudes Iiberadoras".

Pido perdón a los maestros que, en condiciones espantosas, tratan de volver contra la ideología, contra el sistema y contra Ias prácticas en las cuales están inmersas las pocas armas que, pueden hallar en la historia y en el saber que "enseñan". Son verdaderos héroes. Pero son pocos, y como la mayoría ni siquiera sospecha del "trabajo" que el sistema (que los supera y aplasta) les obliga a hacer, ponen todo su entusiasmo e ingenio en el esfuerzo por cumplirlo y con toda conciencia (¡los famosos métodos nuevos!). Recelan tan poco que contribuyen efectivamente -con su misma dedicación a mantener y desarrollar una representación ideológica de la escuela que la convierte en algo tan "natural", útil e indispensable -e incluso benéfica en opinión de nuestros contemporáneos- como pareció indispensable y generosa la iglesia a nuestros antepasados hace se unos cuantos siglos.

                               De hecho, la escuela ha reemplazado a la iglesia en el papel de aparato ideológico dominante. Forma pareja con la familia tal como la iglesia formaba pareja antaño con la familia. Se puede, entone vez, afirmar que la crisis, de profundidad sin precedentes, que conmueve hoy en todo el mundo al sistema escolar de tantos estados, los menudo paralela a la crisis (ya anunciada en el Manifiesto) que sacude el sistema familiar-adquiere carácter político si se considera que la escuela y la pareja escuela/familia) constituye el aparato ideológico dominante, aparato que desempeña un papel decisivo en In la reproducción de las relaciones de producción de un modo

Producción que la lucha mundial de clases mantiene amenazado.

 

 

A PROPÓSITO DE LA IDEOLOGÍA

Cuando propusimos el concepto de aparato ideológico del estado y dijimos que los aparatos ideológicos del estado "funcionaban mediante la ideología", apelamos a una realidad de la que hace falta decir algunas palabras: la ideología.

Se sabe que la expresión "ideología" fue forjada por Cabanis, Destutt de Tracy y sus amigos, los cuales le asignaron como objeto la teoría (genética) de las ideas. Marx, apenas empieza a usar este término, cincuenta años después en sus primeras obras, le da un sentido completamente distinto. La ideología es, desde entonces, el sistema de ideas, de representaciones, que domina el espíritu de un hombre o de un grupo social. La lucha ideológico-política a que se vio obligado Marx a partir de sus publicaciones en la Gaceta Renana le llevó rápidamente a confrontar esta realidad y a profundizar sus primeras intuiciones.

Nos enfrentamos aquí, sin embargo, a una paradoja bastante sorprendente. Todo parecería llevar a Marx a formular una teoría de la ideología. De hecho, La ideología alemana nos propone, después de los Manuscritos de/44, una teoría explícita de la ideología, pero... no es marxista (lo veremos en seguida). En cuanto a El capital, si bien es cierto que contiene numerosas indicaciones sobre una teoría de las ideologías (la más visible: la ideología de los economistas vulgares), no contiene una teoría propiamente tal, asunto que depende en gran parte de una teoría de la ideología en general.

Quiero correr el riesgo de proponer un primer esquema. Las tesis que voy a proponer no son, por cierto, improvisadas, pero no se las puede sostener ni demostrar -es decir, confirmar o rectificar si no se efectúan análisis y estudios más profundos.

La ideología no tiene historia

Unas palabras iniciales hacen falta para exponer la razón de principio que me parece .suficiente, si no para fundar, por lo menos para autorizar el proyecto de una teoría de la ideología en general y no de una teoría de las ideologías particulares, ideologías que siempre expresan -sea cual fuere su forma (religiosa, moral, jurídica, política) - posiciones de clase.

Hace falta) evidentemente, estudiar una teoría de las ideologías bajo la doble relación que se acaba de indicar. Se vería, entonces, que una teoría de las ideologías se afirma, en último término, sobre la historia de las formaciones sociales, sobre los modos de producción, entonces, combinados en las formaciones sociales, y sobre la historia de las luchas de clase que en ellas se hayan desarrollado. En este sentido queda claro que esto ya no es una teoría de las ideologías en general, porque las ideologías (definidas en la doble relación indicada más arriba: regional y de clase) tienen una historia cuya determinación en última instancia se encuentra situada fuera de las solas ideologías aunque les concierna.

En cambio, si puedo proponer el proyecto de una teoría de la ideología en genera/ y si esta teoría es uno de los elementos de los cuales dependen las teorías de las ideologías, esto implica una proposición de aspecto paradójico que enunciaría en los términos siguientes: /a ideología no tiene historia.

Ya se sabe: esta fórmula, con todas sus letras, figura en un pasaje de La ideología alemana. Marx la enuncia a propósito de la metafísica que, dice no tiene más historia que la moral (sobrentendido: y que las otras formas de la ideología).

En La ideología alemana la fórmula figura en un contexto francamente positivista. Allí se concibe la ideología como puro ensueño, es ilusión, es decir nada. Toda su realidad queda fuera de ella misma. Se concibe, entonces, la ideología como una construcción imaginaria cuyo esta tus es exactamente equivalente al estatus teórico que tenían el sueño en los autores anteriores a Freud. Para éstos, el sueño era el resultado puramente imaginario, es decir vacuo, de los "residuos diurnos que se presentaban en orden arbitrario, a veces "inverso", desordenadamente en suma. El sueño era para ellos lo imaginario vado, "organizado" arbitrariamente, a ciegas con los residuos de la sola realidad plena y positiva, la del día. Tal es, exactamente, el estatus de la filosofía y de la ideología (porque allí la filosofía es la ideología por excelencia) en La ideología alemana.

La ideología es, entonces, para Marx, una construcción imaginaria, un puro sueño, vacío y vano, constituido por "residuos diurnos" de la sola realidad plena y positiva, la de la historia concreta de los individuos concretos y materiales que producen materialmente su existencia. En este sentido, en La ideología alemana la ideología carece de historia, ya que su historia acontece fuera de ella, allí donde existe la única historia que existe, la de los individuos concretos, etc. En La ideología alemana, la tesis sobre la carencia de historia de la ideología es, entonces, una tesis puramente negativa, va que significa a la vez:

1. La ideología no es nada, en tanto es puro sueño (fabricada no se sabe dónde ni por qué potencia si no es la alienación de la división del trabajo; pero ésta también es una determinación negativa).

2. La ideología carece de historia V esto no quiere decir que no tenga historia (al contrario: es el pálido reflejo invertido y vacío de la historia real), sino que no tiene historia propia.

Ahora bien, la tesis que quiero sostener, aunque retome textualmente la expresión de La ideología alemana ("la ideología no tiene historia") es radicalmente distinta de la tesis positiva e historicista de La ideología  alemana.

Ya que, por una parte, creo poder afirmar que las ideologías tienen una historia propia (aunque, en última instancia, está determinada por la lucha de clases); V, por otra parte, creo poder afirmar, al mismo tiempo, que la ideología en general no tiene historia, V esto no en un sentido negativo (su historia acontece fuera de ella) sino en uno completamente positivo.

Este sentido es positivo si es verdad que lo propio de la ideología es el estar dotada de una estructura y de un funcionamiento tales que la convierten en realidad no histórica; es decir, omníhistóríca en el sentido en que esta estructura V este funcionamiento están, bajo una misma forma inalterable, presentes en lo que se llama la historia entera tal como la define el Manifiesto (como historia de la lucha de clases. es decir, historia de las sociedades de clases).

Para proponer aquí un asidero teórico diría, retomando el ejemplo del sueño, esta vez con la concepción freudiana, que nuestra proposición "la ideología no tiene historia" puede y debe ( y de un modo que no tiene absolutamente nada de arbitrario ves, por el contrario, teóricamente necesario, va que hay un lazo orgánico entre ambas proposiciones) situarse con relación directa a la proposición de Freud sobre que e/ inconsciente es eterno, es decir, no tiene historia.

Si eterno significa no lo trascendente a toda historia (tempo­ral), sino lo omnipresente, lo transhistórico V por tanto inmutable en toda la extensión de la historia, tomo entonces palabra por palabra la expresión de Freud V escribo: /a ideología es eterna tal como el inconsciente. Y agrego que este acercamiento me parece justificado teóricamente por el hecho de que la eternidad del inconsciente no carece de relación con la eternidad de la ideología en general.

Y por esto me considero autorizado a plantear una teoría de la ideología en general tal como Freud ha propuesto una del inconsciente en general.

Para simplificar conviene que utilicemos teniendo en cuenta lo que se ha dicho sobre las ideologías, el término de ideología a secas para designar a la ideología en general, de la cual acabo de afirmar que carece de historia, o lo que es lo mismo, que es eterna, es decir, omnipresente bajo forma inmutable en toda la historia (= historia de formaciones sociales que contienen clases sociales). Me limito provisionalmente a las "sociedades de clases" ya su historia.

La ideología es una "representación" de la relación imaginaría entre los individuos y sus condiciones reales de existencia

Para abordar la tesis central sobre la estructura y el funcionamiento de la ideología, quiero presentar antes dos tesis. Una es negativa y la otra positiva. La primera trata del objeto "representado" en la forma imaginaria de ideología, y la segunda trata de la materialidad de la ideología.

Tesis 1: La ideología representa la relación imaginaria entre los individuos y sus condiciones reales de existencia.

Se dice, habitualmente, que la ideología religiosa, la ideología moral, la ideología jurídica, la ideología política, etc., son "concepciones del mundo". Por cierto, todo el mundo admite, a menos que se viva una de estas Ideologías como la verdad (por ejemplo, si se "cree" en Dios, en la justicia, en el deber, etc.) que la ideología -de la cual se habla desde perspectiva critica, examinándola como un etnólogo a los mitos de uno "sociedad primitiva" - como "concepción del mundo" es en gran porto Imaginaria; es decir, no "corresponde a la realidad".

Sin embargo, aunque se admita quo no corresponden a la realidad y que constituyen por tanto uno ilusión, se acepta que aluden a la realidad y que basta "interpretarlas para encontrar, bajo la representación imaginaria del mundo, la realidad misma del mundo (ideología = ilusión/alusión).

Hay distintos tipos de interpretación. Los más conocidos son el tipo mecanicista, habitual en el siglo XVIII (Dios es la representación imaginaria del rey real), y la interpretación hermenéutica, inaugurada por los primeros padres de la 10101110 y retomada por Feuerbach y la escuela teológico-filosófica quo en el se origina y a la cual per­tenece, por ejemplo, el teólogo Bortll, ole. (Para Feuerbach, Dios es la esencia del hombre real). Voy a lo esencial si afirmo que, a condición de interpretar la transposición (y la inversión) imaginaria de la ideología, se llega a la conclusión que en ésta "Ios hombres se representan en forma imaginaria sus condiciones reales de existencia" .

Esta interpretación deja, desgraciadamente, en suspenso un pequeño problema: ¿por qué "necesitan" los hombres esta transposición imaginaria de sus condiciones reales de existencia para "representarse" sus reales condiciones de existencia?

La primera respuesta (la del siglo XVIII) propone una solución sencilla: todo es culpa de los curas y de los déspotas. Estos habrían forjado hermosas mentiras para que los hombres, creyéndolas y creyendo obedecer a Dios, les obedecieran a ellos. Se los mostraba a menudo aliados en la impostura, los curas al servicio de los déspotas y viceversa según la posición política de los "teóricos" del caso. Habla entonces una causa para la transposición imaginaria de las condiciones reales de existencia: la existencia de algunos cínicos que afirmaban su dominación y explotación al "pueblo" sobre una falsa representación del mundo, inventada por ellos a fin de someter los espíritus y dominar la imaginación.

La segunda respuesta (la de Feuerbach, retomada en la letra por Marx en sus primeras obras) es más "profunda"; es decir, tan falsa como la otra. Busca y encuentra, también, una causa de la transposición y de la deformación imaginaria de las condiciones reales de existencia de los hombres, en una palabra, una causa de la alienación en lo imaginativo de la representación de las condiciones reales de existencia de los hombres. Esta ya no reside ni en los curas ni en los déspotas ni en su propia imaginación activa ni en la imaginación pasiva de las victimas. La causa es la alienación mate­rial que se da en las condiciones de existencia de los hombres mismos. Así Marx defiende, en La cuestión judía y en otras obras, la idea de Feuerbach sobre que los hombres se construyen una representación alienada (= imaginaria) de sus condiciones de existencia, porque estas condiciones de existencia son en si mismas alienantes (en los Manuscritos del 44: porque el trabajo alienado, esencia de la sociedad alienada domina estas condiciones).

Todas estas interpretaciones toman entonces en la letra la tesis que suponen y sobre la cual reposan, a saber que lo que se refleja en la representación imaginaria del mundo que se encuentra en la ideología son las condiciones de existencia de los hombres; es decir, su mundo real.

Ahora bien, retorno aquí una tesis que ya he adelantado: los "hombres" no "representan" en la ideología sus condiciones reales de existencia, su mundo real; representan, sobre todo, su relación con esas condiciones de existencia. Esta relación es lo que está en el centro de toda representación ideológica V por tanto imaginaria del mundo real. En esta relación está contenida la "causa" que debe dar cuenta de la deformación imaginaria de la representación ideológica del mundo real. O, más bien, para dejar en suspenso el lenguaje de la causa, nos es preciso adelantar la tesis de que la naturaleza imaginaria de esta relación sostiene toda la deformación imaginaria que se puede observar (si no se vive en su verdad) en toda ideología.

Para hablar lenguaje marxista: si es verdad que la representación de las condiciones reales de existencia de los individuos que ocupan los cargos de agentes de la producción, de la explotación, de la represión, de la ideologización V de la práctica científica, deriva en último término de las relaciones de producción y de las relaciones derivadas de las relaciones de producción, podemos entonces afirmar esto: toda ideología representa, en su deformación necesariamente imaginaria, no las existentes relaciones de producción (V las otras relaciones que de ellas derivan), sino, sobre todo, la relación (imaginaria) de los individuos con las relaciones de producción V con las relaciones de ellas derivadas. En la ideología no está, por tanto, representado el sistema de relaciones reales que gobierna la existencia de los individuos, sino la relación imaginaria de estos individuos con las relaciones reales en que viven.

Si esto es así, no tiene sentido la pregunta por la "causa" de la deformación imaginaria de las relaciones reales en la ideología, y se la debe remplazar por otra cuestión: ¿por qué es necesariamente imaginaria la representación que se da a los individuos de su relación (individual) con las relaciones sociales que gobiernan sus condiciones de existencia V su vida colectiva e individual? ¿Y cuál es la naturaleza de este "imaginario"? Así planteada la cuestión, queda descalificada la solución fundada en la acción de un grupúsculo'3 (curas o déspotas) autor de la gran mistificación ideológica V también la solución por medio del carácter alienado del mundo real. Veremos luego las razones. Por el momento quedamos aquí.

Tesis 2: La ideología tiene existencia material.

Ya hemos insinuado esta tesis al decir que las "ideas" o "representaciones", etc., de las que parece componerse la ideología, no tienen existencia ideal, espiritual, sino material. Hemos sugerido, incluso, que la existencia ideal, espiritual, de las "ideas", proviene exclusivamente de una ideología de la "idea" y de la ideología, y, agregamos, que una ideología de lo que parece "fundar" esta concepción desde la aparición de las ciencias, a saber lo que los practicantes de la ciencia se representan, en su ideología espontánea, como "ideas" verdaderas o falsas. Por cierto que esta tesis no queda demostrada al presentarse bajo forma de afirmación pura y simple. Pedimos sólo que se le conceda, en nombre del materialismo, un prejuicio simplemente favorable. Hace falta mucho trabajo para de­mostrarla.

Esta presunción sobre la existencia no espiritual sino material de las "ideas" u otras "representaciones" no es, en efecto, necesaria para avanzar en el análisis de la naturaleza de la ideología. O, mejor nos es sencillamente útil para mostrar con mayor claridad lo que todo análisis un poco serio de cualquier ideología muestra inmediatamente, empíricamente, a cualquier observador por poco crítico que sea.

Hemos dicho cuando nos referimos a los aparatos ideológicos del estado y a sus prácticas, que cada uno era la realización de una ideología Iy que la unidad de estas ideologías "regionales" -religiosa, moral, jurídica, política, estética, etc. - estaba asegurada por su inmersión en la ideología dominante). Retomamos esta tesis: cada ideología existe siempre en un aparato y en su o sus prácticas. Esta existencia es material.

La existencia material de la ideología es un aparato y en sus prácticas no posee, por cierto, la misma modalidad de la existencia material de una acera o de un fusil. Pero, a riesgo de que se nos trate de "neoaristotélicos" (y señalamos, de paso, que Marx estimaba en mucho a Aristóteles), afirmamos que "la materia se dice de muchas maneras" o, más bien, que existe bajo distintas modalidades y todas enraizadas en último término en la materia "física".

Dicho lo anterior, vamos al grano y veamos qué acontece a los "individuos" que viven en la ideología; es decir, en una determinada representación del mundo (religiosa, moral, etc.), cuya deformación imaginaria depende de su relación imaginaria con sus condiciones de existencia; es decir, en última instancia, con sus relaciones de producción y de clase (ideo logra = relación imaginaria con relaciones reales). Afirmamos que esta relación imaginaria está dotada de existencia material. Ahora bien, comprobemos esto.

Un individuo cree en Dios, en el deber o en la justicia, etc. Esta creencia proviene (en todo el mundo; es decir, en todos los que viven en una representación ideológica de la ideología, que reduce la ideología a ideas dotadas por definición de existencia espiritual) de ideas del mencionado individuo, por tanto de él mismo como sujeto que tiene una conciencia en la cual están contenidas las ideas de su creencia. Mediando lo cual, es decir, mediando el dispositivo "conceptual" perfectamente ideológico así puesto en operaciones (un sujeto dotado de una conciencia donde forma o reconoce libremente ideas en las que cree), el comportamiento (material) del mencionado sujeto se deduce naturalmente.

El individuo en cuestión se conduce de talo cual manera, adopta talo cual comportamiento práctico y, lo que no es menos, participa de ciertas prácticas normadas, las del aparato ideológico del que dependen las "ideas" que ha elegido libremente con toda conciencia y en tanto que sujeto. Si cree en Dios va a la iglesia asiste a misa se arrodilla, reza, se confiesa, hace penitencia (antaño ésta era mate­rial en el sentido corriente del término) y naturalmente, se arrepiente y continúa, etc. Si cree en el deber, adoptará los correspondientes comportamientos inscritos en prácticas rituales, "conforme mandan las buenas costumbres". Si cree en la justicia, se someterá sin dis­cutir a las normas del derecho e Incluso llegará a protestar cuando se las viola, firmará peticiones, participará en manifestaciones, etcétera.

En todo este esquema comprobamos que la representación ideológica de la ideología está obligada a reconocer que todo "sujeto" -dotado de una "conciencia" y creyente en las "ideas" que le inspira su "conciencia" Que libremente acepta- debe actuar conforme a sus ideas e inscribir en los actos de su propia práctica material sus propias ideas de sujeto libro. Si no lo hace así "eso no estará bien".

 

 

 

 

3 Empleo voluntariamente el término, ya que incluso en medios comunistas "la explicación" de talo cual desviación polltica (oportunismo de derecha o de izquierda) por la acción de un "grupúsculo", es moneda corriente.

 

En realidad, si no hace lo Que debiera en función de lo que cree, hace otra cosa, y esto, siempre en función del mismo esquema idealista, da a entender Que piensa otras ideas que las que proclama y que actúa conformo a esas otras ideas; como tal seria "inconsecuente" ("nadie engaña voluntariamente") o cínico o perverso.

En todos los casos, la Ideología de la ideología reconoce, entonces, a pesar de la deformación imaginaria, que las "ideas" de un sujeto humano existen en sus actos, o deben existir en sus actos; y si ése no es el caso, le presta otras ideas que correspondan a los actos (incluso a los perversos) que realice. Esta ideología habla de actos: nosotros hablaremos de actos inscritos en prácticas. Y subra­yaremos que estas prácticas están normadas por rituales en los que estas prácticas se inscriben, en el seno de la existencia material de un aparato ideológico, aunque se trate de una pequeña parte del aparato: una pequeña misa en una pequeña iglesia, un entierro, un pequeño encuentro deportivo de una asociación deportiva, una jornada de clases en una escuela, una reunión o una concentración de un partido político, etcétera.

Debemos a la "dialéctica" defensiva de Pascal la maravillosa fórmula que nos va a permitir la inversión del orden nocional de la ideología. Pascal dice, más o menos: "Poneos de rodillas, moved los labios en oración, y creeréis." De este modo invierte escandalosamente el orden de las cosas y aporta, como Cristo, no la paz sino la división y, además, lo que es muy poco cristiano (porque, desgraciado sea aquel por el cual el escándalo venga al mundo), el mismo escándalo. Bienaventurado escándalo éste, que le hace, por desafío jansenista, usar un lenguaje que designa la realidad en persona.

Se nos permitirá dejar a Pascal con sus argumentos de lucha ideológica en el seno del aparato ideológico religioso de su tiempo. y usaremos un lenguaje más directamente marxista, si se puede, ya que avanzamos en territorios aún muy poco y mal explorados.

Diremos entonces, tomando en consideración un sujeto (tal individual, que la existencia de las ideas de su creencia es material en cuanto sus ideas son actos materiales insertos en prácticas materiales normadas por rituales materiales definidos por el aparato ideológico material del cual derivan las ideas de este sujeto. Naturalmente, los cuatro adjetivos "materiales" inscritos en nuestra proposición están afectos a modalidades distintas: la materialidad de un desplazamiento para ir a misa, de una genuflexión, de una señal de la cruz o de un mea culpa, de una frase, de una oración, de una contrición, de una penitencia, de una mirada de un golpe en el pecho, de un discurso verbal externo o de un discurso verbal "interno" (la conciencia), no es una y la misma materialidad. Dejamos en suspenso la teoría de la diferencia de las modalidades de la materialidad.

Nos queda decir que en esta presentación invertida dejas cosas hemos realizado exactamente una inversión; comprobamos que ciertas nociones han desaparecido sencillamente y que otras subsisten y que aparecen nuevos términos.

Ha desaparecido el término ideas.

Subsisten los términos sujeto, conciencia, creencia, actos. Aparecieron los términos Prácticas, rituales, aparato ideológico. No se trata entonces de una inversión, sino de una reordenación,

bastante extraña, porque obtenemos el siguiente resultado:

Las ideas han desaparecido en cuanto tales (en tanto que dotadas de existencia espiritual, ideal) en la misma medida en que se ha hecho manifiesto que su existencia estaba inscrita en los actos de prácticas norma das por rituales definidos en último término por un aparato ideológico. Se nos muestra, entonces, que el sujeto actúa en tanto que "es actuado" por el siguiente sistema (enuncia­do en su orden real de determinación): la ideología que existe en un aparato ideológico material, que prescribe prácticas que existen en los actos materiales de un sujeto que actúa con toda conciencia según su creencia.

Pero esta misma presentación demuestra que hemos conservado los siguientes términos: sujeto, creencia, conciencia, actos. De esta secuencia extraemos de inmediato el término central, decisivo, del cual depende todo: sujeto.

Y enunciamos dos tesis complementarias:

1.No hay práctica sino en y por una ideología.

 2. No hay ideología sino por y para sujetos.

Ya podemos regresar a nuestra tesis central.

 

La ideología interpela a los individuos en cuanto sujetos

Esta tesis sólo viene a explicitar la última proposición: no hay ideología sino por y para sujetos. Entendámonos: sólo hay ideología para sujetos concretos y este destino de la ideología sólo es posible por el sujeto: por la categoría del sujeto y su funcionamiento.

 

 

Con esto queremos decir que, si bien ella no aparece con esta denominación (sujeto) hasta el advenimiento de la ideología burguesa y sobre todo hasta el advenimiento de la ideología jurídica,14 la categoría de sujeto (que puede funcionar bajo otras denominaciones: por ejemplo, en Platón, como el alma, Dios, etc.) es la categoría constitutiva de toda ideología, cualquiera que sea la determinación (regional o de clase) y el momento histórico ya que la ideología no tiene historia.

Decimos: la categoría de sujeto es constitutiva de toda ideología, pero al mismo tiempo y de inmediato agregamos que /a categoría de sujeto no es constitutiva de toda ideología sino s6/0 en tanto toda ideología tiene /a funci6n (que /a define) de "constituir" en sujetos a los individuos concretos. En este juego de doble constitución existe el funcionamiento de toda ideología y ésta no es más que su funcionamiento en las formas materiales de la existencia de este funcionamiento.

Para ver claro lo que sigue hace falta advertir que tanto el autor de estas Líneas como el que las lee son sujetos y por tanto sujetos ideológicos (proposición tautológica); es decir, autor y lec­tor de estas Líneas viven "espontáneamente" o "naturalmente" en la ideología en el sentido en que hemos dicho que "el hombre es por naturaleza un animal ideológico".

Dejaremos de lado, por el momento, la cuestión que el autor, en tanto que escribe estas Líneas que pretenden ser científicas, esté completamente ausente, como "sujeto", de "su" discurso científico (ya que todo discurso científico es, por definición, un discurso sin sujeto y no hay "sujeto de la ciencia" fuera de una ideología de la ciencia).

Como admirablemente lo decía San Pablo, en el "Iogos" -en la ideología - tenemos "el ser, el movimiento y la vida". De esto se sigue que, tanto para usted como para mi, la categoría de sujeto es una "evidencia" primera (las evidencias son siempre primeras): está claro que usted y yo somos sujetos (libres, morales, etc.). Como todas las evidencias, incluso las que hacen que una palabra "designe una cosa" o "posea una significación" (por tanto, incluso las evidencias de la "transparencia del lenguaje"), ésta -que usted y yo somos sujetos y que eso no es ningún problema - es un efecto ideológico, el efecto ideológico elemental. 15 Lo propio de la ideología, en efecto, es el imponer (sin que se advierta, se trata de "evidencias") las evidencias como evidencias, que sólo podemos reconocer y ante las cuales sólo nos queda la natural e inevitable reacción de exclamar (en voz alta o en el "silencio de la conciencia"): ¡Evidente ¡Exacto ¡Verdad

En esta reacción se ejerce la función de reconocimiento ideológico que es una de las dos funciones de la ideología como tal (su envés es la de desconocimiento).

 

Para dar un ejemplo altamente "concreto": todos tenemos amigos que al golpear a la puerta de casa y al preguntar nosotros a través de la puerta cerrada, ¿quién es?, responden "soy yo". Y con esto reconocemos que se trata de "ella" o de "él". Abrimos la puerta y "es verdad que era él el que estaba a 11(" • Otro ejemplo de la misma Índole: reconocemos a alguien (que conocemos) en la calle, y le hacemos notar que le hemos reconocido (y que hemos reconocido que nos ha reconocido) diciéndole: "¡buenos días amigo" Y le estrechamos la mano (práctica ritual material del reconocimiento ideológico cotidiano en Francia).

Con esta observación y estos ejemplos concretos sólo quiero subrayar que usted y yo somos siempre sujetos y, como tales, practicamos sin interrupción los rituales del reconocimiento

. Ideológico, los cuales nos garantizan que somos sujetos concretos, individuales, inconfundibles y (naturalmente irremplazables. La escritura a que me dedico en este momento y la lectura a la que usted se dedica ahora16 son también, en este sentido, rituales de reconocimiento ideológico, incluida la "evidencia" con la cual se le pueda imponer la "verdad" o el "error" de mis reflexiones.

Pero reconocer que somos sujetos, y que así funcionamos en los rituales prácticos de la vida cotidiana más elemental (el estrechar la mano, el hecho de llamarse uno por su propio nombre, el hecho de saber yo, aunque lo ignore, que usted tiene también un nombre propio, el que usted se considere y reconozca sujeto único, etc.) este reconocimiento sólo nos da una "conciencia" de nuestra práctica incesante (eterna) del reconocimiento Ideológico -su conciencia; es decir, su reconocimiento pero no nos da en ningún caso el conocimiento (científico del mecanismo do oste reconocimiento. Ahora bien, hay que llegar a esto conocimiento si se quiere, al hablar de la ideología y de su sentido, esbozar un discurso que intente romper con la ideología para arriesgarse a ser  el comienzo de un discurso científico (sin sujeto) sobre la ideología.

 

14 Que toma la categorla jurldica de "sujeto de derecho" para convertirla en una noci6n ideol6gica: el hombre es por naturaleza sujeto.                                                                                                                                                                                                                15 S Los IingQistas y los que recurren a la IingQlstica con otros fines tropiezan a menudo con las dificultades que tienen al no reconocer el juego de efectos ideol6gicos en los discursos incluso en los mismos discursos cientfficos.

16 Adviértase: esta doble eternidad de la ideologla, porque estas dos "actuolldndo." Q"UII."III.,~.I".11i11 .,unl'l"lcr lapso. Escribo estas IIneas e16 de abril de 1969 y ollcalor I,,1ó IUUIA '11l1,~1ó jl"o'I.I"

 

Entonces, para representar la razón por la que la categoría de sujeto es constitutiva de la ideología, que no existe sino constituyendo en sujetos a los individuos concretos, quiero emplear un particular modo de exponer: lo bastante "concreto" puro que se le reconozca, pero lo bastante abstracto para que se le pueda pensar pensar y dé paso a un conocimiento.

 

En una primera fórmula, diría: toda ideología interpela a los individuos concretos en tanto que sujetos concretos mediante el funcionamiento de la categoría de sujeto.

Esta proposición implica que distinguimos, por el momento, entre sujetos concretos por una parte e individuos concretos por otra, aunque en este nivel no exista sujeto concreto que no esté sostenido por un individuo concreto.

Sugerimos, entonces, que la ideología "funciona" o "actúa" de tal suerte que "recluta" sujetos entre los individuos (los recluta a todos) mediante la precisa operación que llamamos interpelación, operación que se puede representar con la más trivial interpelación policial (o no) de cualquier día: "¡Eh, vosotros, allá!"17

Si suponemos que la escena teórica imaginada acontece en la calle, el individuo interpelado se vuelve. Y mediante este simple giro físico de 180 grados se convierte en sujeto. ¿Por qué? Porque ha reconocido que esa interpelación se refería "exactamente" a él, y que "era precisamente él" el interpelado (y no otro). La experiencia muestra que las telecomunicaciones prácticas de la interpelación son tales, que ésta no yerra casi nunca a su hombre: llamada ver­bal, silbido, y el interpelado siempre reconoce que a él se le interpela. De todos modos se trata de un fenómeno extraño, y que no se explica tan sólo, y a pesar del gran número de los que "tienen algo que reprocharse", por el "sentimiento de culpa".

Naturalmente, en beneficio de la comodidad y de la claridad de exposición en nuestro pequeño teatro teórico, hemos debido presentar las cosas en forma de secuencia, con un antes y un después, y por tanto en la forma de una sucesión temporal. Hay individuos que se pasean. En alguna parte (por lo general a sus espaldas) resuena la interpelación: "¡Eh, usted" Un individuo (en el 90% de los casos, el interpelado) se vuelve, creyendo-sospechando­ sabiendo que se trata de él, y por tanto reconociendo que es él, precisamente, el interpelado. Pero en la realidad las cosas acontecen sin mediar sucesión alguna. La existencia de la ideología y la interpelación de los individuos en tanto- que sujetos es una y la misma cosa.

Podemos agregar: lo que parece acontecer en las afueras de la ideología (exactamente en la calle) acontece en realidad en la ideología. Lo que sucede en realidad en la ideología parece acontecer, por tanto, fuera de ella. Por este motivo los que están inmersos en la ideología se creen, por definición, fuera de ella; éste es uno de los efectos de la ideología: la negación práctica del carácter ideológico de la ideología, por la ideología: la ideología nunca dice "soy ideológica". Hace falta estar fuera de la ideología; es decir, situado en el nivel del conocimiento científico, para poder decir: estoy en la ideología (caso completamente excepcional), o bien (caso general), estaba en la ideología. Se sabe muy bien que la acusación de estar en la ideología vale siempre para los demás y nunca para uno mismo (a menos que sea verdaderamente spinozista o marxista, lo que para este caso es lo mismo). Todo lo cual viene a significar que la ideología no tiene fuera (respecto a si misma), pero, al mismo tiempo, que la ideología sólo es fuera (respecto a la ciencia y a la realidad).

Lo anterior lo había explicado Spinoza perfectamente y doscientos años antes que Marx, que lo practicó, pero jamás lo explicó en detalle. Pero dejaremos este punto que, sin embargo, está preñado de consecuencias no sólo teóricas, sino directamente políticas: por ejemplo, toda teoría de la crítica y la autocrítica -regla de oro de la práctica de la lucha de clases marxista-Ieninista­ de él depende.

La ideología, entonces, interpela a los individuos en tanto que sujetos. Como es eterna, debemos ahora suprimir la forma de la temporalidad en la cual habíamos representado su funcionamiento, y decir: la ideología siempre ha interpelado a los individuos en tanto que sujetos lo cual es lo mismo que decir que los individuos siempre han sido interpelados en tanto que sujetos por la ideología; esto nos lleva necesariamente a la última proposición: los individuos siempre han sido sujetos. Los individuos, por tanto, son" abstractos" respecto a los sujetos, que siempre ha habido. Esta proposición puede parecer una paradoja.

El hecho de que un individuo sea siempre sujeto, incluso antes de nacer, es, sin embargo, la sencilla realidad, accesible a todos y nada paradójica. Freud ha mostrado que los individuos son siempre "abstractos" con relación a los sujetos que siempre ha habido, y para eso ha mostrado el ritual ideológico que rodea la espera de un nacimiento, ese "feliz acontecimiento" Cada uno sabe de qué modo se espera a un niño que va a nacer Lo que viene a significar, prosaica mente, si dejamos de lado los "sentimientos"; es decir, las formas de la ideología familiar/paternal/maternal/conyugal/fraternal en la cual se espera al niño por nacer: por adelantado se acepta que llevará el Nombre de su Padre, tendrá

17 La interpelación práctica cotidiana, sometida a un ritual preciso, adopta una forma completamente "especial" en la práctica policial de "interpelación". En este caso se trata de interpelar a "sospechosos".

una identidad, será irremplazable. Antes de nacer, por tanto, el niño es ya y siempre un sujeto, asignado a serio en y por la configuración ideológica familiar específica en la cual se le "espera" después de ser concebido. Resulta inútil mencionar que esta configuración ideológica familiar está, en su unicidad, muy estructurada, y que en esta estructura implacable y más o menos "patológica" (en el supuesto de que esta expresión tenga sentido) del antiguo sujeto futuro debe "encontrar" "su" lugar; es decir, convertirse en el sujeto sexual (niño o niña) que ya es por adelantado. Se comprende que esta obligación y esta preasignación ideológica, y todos los rituales de crianza y educación familiares, tienen cierta relación con lo que Freud ha estudiado en las formas de "etapas" pregenitales y genitales de la sexualidad y entonces con la adquisición de lo que Freud ha advertido, en sus efectos, como inconsciente. Pero dejemos el punto.

Daremos un paso más. Lo que ahora retendrá nuestra atención será la forma en que se reflejan en la estructura de toda ideología los "actores" de esta puesta en escena de la interpelación y también sus respectivos papeles.

Un ejemplo: la ideología religiosa cristiana

Nos contentaremos con analizar un solo ejemplo, ya que la estructura formal de toda ideología es siempre la misma; un ejemplo accesible a todos, el de la ideología religiosa, pero precisando, insistimos, que la misma demostración se puede reproducir a propósito de la ideología moral, política, jurídica, estética, etcétera.

Consideremos, entonces, la ideología religiosa cristiana. Vamos a emplear una figura retórica V la "haremos hablar"; es decir, vamos a reunir en un discurso ficticio lo que esta ideología dice no sólo en sus dos Testamentos, con sus teólogos y en sus sermones, sino también en sus prácticas, rituales, ceremonias y sacramentos. La ideología religiosa cristiana dice, más o menos, lo siguiente:

Me dirijo a ti, individuo humano llamado Pedro (todo individuo humano se llama por su nombre, en sentido pasivo, nunca es él quien se da a si mismo un Nombre), para decirte que Dios existe y que estás en deuda con el. Agrega: Dios se dirige a ti mediante mi voz (la Escritura ha recogido la palabra de Dios, la tradición la ha transmitido, la infalibilidad pontificia fijado para siempre en todos sus puntos "delicados"). Esto eres: ¡Eres Pedro! este es tu origen: has sido creado por Dios desde toda la eternidad, a pesar de que hayas nacido solamente 1920 años después de Cristo. este es tu lugar en el mundo. Esto debes hacer. Mediando lo cual, y si observas la "ley de amor", te salvarás, tú, Pedro, y formarás parte del cuerpo glorioso de Cristo, etcétera.

Se trata de un discurso trivial y archiconocido, pero no es menos sorprendente.

Sorprendente, ya que si consideramos que la ideología religiosa se dirige a los individuos1B para "transformarlos en sujetos", e interpela al individuo Pedro para hacer de él un sujeto libre de obedecer o de desobedecer al llamado es decir, a las órdenes de Dios; si les llama por su nombre, reconociendo así que siempre han sido sujetos con una identidad personal (hasta el punto en que el Cristo de Pas­cal dice: "Por ti he vertido esta gota de sangre"). si les interpela de tal suerte que el sujeto responde: "si, soy yo; si obtiene de ellos el reconocimiento y que ocupen exactamente el lugar que les asigna como propio en el mundo, una residencia fija ("¡es verdad, estoy aquí, soy obrero, patrón, soldado''') en este valle de lágrimas; si consigue de ellas el reconocimiento de un destino (la vida o la condenación eternas) según el respeto o el desprecio con que traten los "mandamientos de Dios", la Ley convertida en Amor; si todo esto sucede exactamente así (en las prácticas de los rituales conocidos del bautismo, de la confirmación, de la comunión, de la confesión y de la extremaunción, etc.). Debemos destacar que todo este "procedimiento", que pone en escena a sujetos cristianos, está dominado por un fenómeno extraño: sólo os posible que exista tal multitud de sujetos religiosos bajo la absoluta condición de que haya un otro Sujeto único, absoluto, a saber, Dios.

Convengamos en designar a esto nuevo y singular sujeto con la palabra Sujeto escrita con mayúscula, para distinguirlo de los sujetos ordinarios, que llevan minúscula.

Parece entonces que la interpelación de los individuos en tanto que sujetos supone la "existencia" do otro Sujeto, único y central, en cuyo nombre la ideología religiosa interpela ti todos los individuos en tanto que sujetos. Todo esto está escrito, con claridad en lo que se llama precisamente, la Escritura. "En aquellos tiempos, el Señor Dios (Yahvé) Y el Señor llamó a Moisés: ¡Moisés Soy yo, dijo Moisés, soy Moisés, tu servidor, habla, que te escucho. Y el señor hablo a moisés y le dijo: Soy el que Soy. •

 

 

18 Por más que sepamos quo ollodl"I.I,," G~ ,IGml" q '")011'. oontinuamos empleando este término que resulta cómodo "or 01 01001\ •• 10 o""h •• 10 '1"0 "roduce.

     19 Cito de modo combinado, llOro "on o""ldlu y Gil \/01\111\1".

 

 

Dios se define a si mismo como el Sujeto por excelencia, como el que es por si y ante si ("Soy el que Soy"), y el que interpela a su sujeto, al individuo que le queda sometido por su misma interpelación, a saber el individuo Moisés. Y Moisés, interpelado-llamado por su nombre, luego de reconocer que era exactamente él el interpelado por Dios, reconoce que es sujeto, sujeto de Dios, sujeto sometido a Dios, sujeto por el Sujeto y sujeto al Sujeto. La prueba: le obedece y hace que su pueblo obedezca las órdenes de Dios.

Dios es, entonces, el Sujeto, y Moisés y los innumerables sujetos del pueblo de Dios, sus interlocutores-interpelados: sus espejos, sus reflejos. ¿Acaso los hombres no han sido creados a imagen de Dios? Como lo prueba toda la reflexión teológica, aun cuando el perfectamente podría ignorar la cuestión... Dios necesita a los hombres, el Sujeto necesita a los sujetos tal como los hombres necesitan a Dios -los sujetos necesitan al Sujeto. Mejor: Dios necesita a los hombres, el gran Sujeto de los sujetos los necesita incluso en la horrible inversión de su imagen en ellos (cuando los sujetos caen en el desorden, es decir, en pecado).

Mejor: Dios se desdobla y envía a su hijo a la tierra como simple sujeto "abandonado" (la larga queja del Huerto de los Olivos que termina en la Cruz), sujeto, pero Sujeto, hombre pero Dios, para cumplir lo que prepara la redención final, la resurrección de Cristo. Dios necesita entonces, "hacerse" hombre, el Sujeto necesita convertirse en sujeto como para mostrar a los sujetos empíricamente y con exactitud, visible a los ojos, tangible a las manos (recordar a Santo Tomás), que son efectivamente tales, que están sujetos al Sujeto y que esto es así sólo para entrar en el día del Juicio Final en el seno del Señor, como Cristo, es decir, en el sujeto.20

Descifremos en lenguaje teórico esta admirable necesidad de desdoblamiento del Sujeto en sujetos y del Sujeto en sujeto-Sujeto.

Comprobamos que la estructura de toda ideología, que interpela a los individuos como sujetos en nombre de un Sujeto único y absoluto, es especular; es decir, a modo de espejo, y doblemente especular: este doble desdoblamiento especular es constitutivo de la ideología y asegura su funcionamiento. Lo cual significa que toda ideología está centrada, que el Sujeto absoluto ocupa el sitio único de centro e interpela a su alrededor a todos los individuos en tanto que sujetos, y esto en una doble relación especular de tal naturaleza que sujeta los sujetos al Sujeto y les proporciona -en el Sujeto donde todo sujeto puede contemplar su propia imagen (presente y futura) - la garantía de que se trata exactamente de ellos y exactamente de el  y que, como todo sucede en familia (la Sagrada Familia: la familia es, por esencia santa), "Dios reconocerá allí a los suyos"; es decir, los salvados serán los que hayan reconocido a Dios y los que en Dios se hayan reconocido.

Resumamos lo ya adquirido sobre la ideología en general.

La estructura especular doblemente desdoblada de la ideología

asegura al mismo tiempo:

1] La interpelación de los individuos en tanto sujetos;

2) Su sujeción al Sujeto;

3) El reconocimiento mutuo entre los sujetos y el Sujeto y entre los mismos sujetos entre si, y finalmente el reconocimiento del sujeto por si mismo; 21

4) La garantía absoluta de que todo es exactamente así y de que, a condición que los sujetos reconozcan lo que son y se conduzcan en consecuencia, todo irá bien: "Asl sea".

Resultado: atrapados en este sistema cuádruple de interpelación en tanto que sujetos, de sujeción al Sujeto, de reconocimiento uni­versal y de garantía absoluta, los sujetos "avanzan" y avanzan so­los en la inmensa mayoría de los casos, a excepción de los "malos sujetos", que ocasionalmente y según los casos provocan la intervención de talo cual sección del aparato (represivo) del estado. Pero la inmensa mayoría de los sujetos camina bien, camina "por si misma"; es decir, mediante la ideología (cuyas formas concretas se realizan en los aparatos ideológicos del estado). Se insertan en las prácticas, gobernadas por los rituales de los aparatos ideológicos del estado. Reconocen el estado de cosas existentes [das BestehendeJ, reconocen que "las cosas son así y no de otro modo", que es necesario obedecer a Dios, a la conciencia, al cura, a De Gaulle, al patrón, al ingeniero, que es preciso "amar al prójimo como a si mismo", etc. Su conducta concreta, material, no es sino la inscripción en la vida cotidiana de las admirables palabras finales de sus oraciones: Asl sea.

Si, los sujetos "caminan por si mismos". Todo el misterio de este efecto reside en los dos momentos primeros del sistema cuádruple del Que acabamos de hablar, o, si se Quiere, en la ambi guedad del término sujeto.

 

 

20 El dogma de la Trinidad es la teorla misma del desdoblamiento del Sujeto (el Padre) en sujeto (el Hijo) y de su relación especular (el Esplritu Santo).                                                                                                                                                                                                            .21 Hegel es un admirable "teórico" de la ideo logia, en cuanto "teórico" del Reconocimiento Universal, que termina, desgraciadamente, en la ideologla del Saber Absoluto. Feuerbach es un asombroso teórico de la relación especular, que termina, desgraciadamente, en la ideologla de la Esencia Humana. Para hallar un punto a partir del cual desarrollar una teorla de la garantia hace falta remontarse a Spinoza.

 

 

En su acepción corriente, el término sujeto significa, en efecto: I) una subjetividad libre, un centro de iniciativas consciente y responsable de sus actos; 2) un ser sometido, sujeto ¡una autoridad superior V, por tanto, privado de toda libertad, salve de la de aceptar libremente su sumisión. Esta última observación nos da el sentido de esta ambigüedad Que refleja el efecto Que lé produce: el individuo es interpelado en tanto que sujeto (libre) pan que se someta libremente a las órdenes del Sujeto, para que acepte (libremente) por tanto, su ejecución; por tanto para Que "cumpla por si mismo" los actos y los gestos de su sujeción. Sólo hay sujeto!, para y por su sujeción. Por esto "caminan por si mismos".

"Asl sea”... Estas palabras, Que registran el efecto Que se Quiere obtener, demuestran Que esto no es "naturalmente" así (naturalmente: fuera de esta oración; es decir, fuera de la intervención ideológica). Estas palabras prueban Que hace falta Que esto sea as' para Que las cosas sean como deben ser. Digámoslo directamente: prueban Que hace falta Que esto sea para Que la reproducción de las relaciones de producción esté, hasta en los procesos de producción V de circulación, asegurada cada día en "la conciencia"; es decir, en el comportamiento de los individuos-sujetos Que ocupan los puestos Que la división técnico-social del trabajo les asigna en la producción, explotación, represión, ideologización, práctica científica, etc. l De Qué se trata, realmente, en este mecanismo del reconoci­miento especular del Sujeto V de los individuos interpelados en cuanto sujetos, V de la garantía Que el Sujeto da a los sujetos si estos aceptan "libremente" someterse a las "órdenes" del Sujeto? La realidad en cuestión en este mecanismo, la que necesariamente se desconoce en las formas mismas del reconocimiento (ideología = reconocimiento! desconocimiento) es, en efecto V en última instancia la reproducción de las relaciones de producción V de las relaciones Que de estas relaciones se derivan. l ...J

Enero-abril de 1969

P. S. Si bien estas tesis, breves V esquemáticas, permiten aclarar ciertos aspectos del funcionamiento de la superestructura V de su modo de intervención en la infraestructura, son, sin embargo, evidentemente abstractas y dejan necesariamente en suspenso problemas importantes de los cuales hace falta decir algunas palabras:

1) El problema del proceso conjunto de la realización de la reproducción de las relaciones de producción.

Los aparatos ideológicos del estado contribuyen, como elementos de este proceso, a esta reproducción. Pero el punto de I a vista de su mera contribución es abstracto.

Esta reproducción se realiza únicamente en el seno mismo de los procesos de producción y de circulación. Se realiza por el la mecanismo de este proceso, donde se "termina y cumple" la formación de los trabajadores, donde se les asignan los puestos, te etc. En el mecanismo interno de este proceso se ejerce el efecto de las distintas ideologías (sobre todo de la ideología jurídico-moral.

                                      Pero este punto de vista sigue siendo abstracto. Ya que, en una sociedad de clases, las relaciones de producción son relaciones ie de explotación de clases antagónicas. La reproducción de las sf relaciones de producción, objetivo último de la clase dominante, no n puede ser, entonces, una simple operación técnica que forme y sf distribuya a los individuos en los distintos puestos de la "división 1: técnica" del trabajo. En realidad no hay, salvo en la ideología de la e clase dominante, "división técnica" del trabajo: toda división e "técnica", toda organización "técnica" del trabajo es la forma y la máscara de una división y de una organización social (= de clase) del trabajo. La reproducción de las relaciones de producción sólo a puede ser, entonces, una empresa de clase. Se realiza a través de una lucha de clases que opone la clase dominante a la clase explotada.

El proceso conjunto de la realización de la reproducción de las relaciones de producción es abstracto, entonces, en tanto no se sitúe en la perspectiva de la lucha de clases. Situarse en la perspectiva de la reproducción es, por tanto, en el último término, situarse en la perspectiva de la lucha de clases.

2] El problema de la natural079 do clase de las ideologías que existen en una formación social.

Una cosa es el "mecanismo" de lo Ideología en general. Ya vimos que se reduce a algunos principios que se sostienen en algunas palabras (tan "pobres" como las que definen en Marx, la producción en general o en Freud el inconciente en general. Si bien posee cierta verdad, este mecanismo es abstracto respecto a toda formación ideológica real.

                    Adelantarnos la Idea de que la ideología se realiza instituciones, en sus rituales y practicas, en los aparatos ideológicos del estado. Vimos que en este sentido concurren a esa forma de lucha de clases, vital para la dominante, que es la reproducción de las relaciones de producción. Pero ese mismo punto de vista, por muy real que sea. Continua siendo abstracto.

 

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En efecto, el estado y sus aparatos sólo tienen sentido en la perspectiva de la lucha de clases, como aparato de la clase que asegura la opresión de clase y garantiza las condiciones de la explotación y de su reproducción. Pero no hay lucha de clases sin clases antagónicas. Guíen dice lucha de clase de la clase dominante dice también resistencia, rebelión y lucha de clase de la clase dominada.

Por esto los aparatos ideológicos del estado no son la realización de la ideología en general y ni siquiera la realización sin conflictos de la ideología de la clase dominante. La ideología de la clase dominante no se convierte en dominante por la puesta en operaciones de los aparatos virtud de la toma del poder del estado. Se convierte en dominante por la puesta en operaciones de los aparatos ideológicos del estado, en que ella se realiza y es realizada. Ahora bien, esta puesta en operaciones no se efectúa sola; por el contrario, es el campo de batalla de una muy dura e ininterrumpida lucha de clases: en primer lugar contra las antiguas clases dominantes y contra sus posiciones en los antiguos y recientes aparatos ideológicos del estado, y en seguida contra la clase explotada.

Pero este punto de vista sobre la lucha de clases en los aparatos ideológicos del estado es aún abstracto. En efecto, la lucha de clases en los aparatos ideológicos del estado es ciertamente un aspecto de la lucha de clases, a veces importantes y sintomático: por ejemplo la lucha antirreligiosa del siglo XVIII, por ejemplo la "crisis" de aparatos ideológicos del estado escolares en todos los países capi­talistas actuales. Pero la lucha de clases en los aparatos ideológicos del estado no es más que un aspecto de una lucha de clases que sobrepasa los aparatos ideológicos del estado. La ideología que una clase que controla el poder hace dominante en sus aparatos ideológicos del estado "se realiza" por cierto en esos aparatos ideológicos del estado, pero los desborda: viene de otra parte. Asimismo, la ideología que una clase dominante consigue defender en y contra los aparatos ideológicos del estado, los desborda: viene de otra parte.

Solamente desde la perspectiva de las clases; es decir, de la lucha de clases, se puede dar cuenta de las ideologías que existen en una formación social. Pero no sólo se puede dar cuenta, a partir de allí, de la realización de la ideóloga(a dominante en los aparatos ideológicos del estado y de las formas de lucha de clase cuyo sitio y campo de batalla son los aparatos ideológicos del estado: también y sobre todo a partir de allí se puede comprender de dónde provienen las ideologías que se realizan en los aparatos ideológicos del estado y am se enfrentan. Ya que, si bien los aparatos ideológicos del estado representan la forma en que la ideología de la clase dominante debe necesariamente realizarse, y la forma en que la ideología de la clase dominada debe necesariamente medir y afrontar, las ideologías no "nacen- en los aparatos ideológicos del estado, sino de las clases sociales entregadas a la lucha de clases: de sus condiciones de existencia, de sus prácticas, de sus experiencias de lucha. etcétera.

Abril de 1970

 

Comentarios

muy bueno el aporte gracias !

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